Resilientes (2)
Para procesar saludablemente nuestro duelo necesitamos reconocer lo que nos ha sucedido y que ello forma y seguirá formando parte de nosotros. Cuando de dolor se trata somos tentados a disimular, ignorar, esconder, negar nuestras emociones.
“Ten misericordia de mí, Señor, porque estoy angustiado. Las lágrimas me nublan la vista; mi cuerpo y mi alma se marchitan.” Salmos 31:9
NTV. Tomemos esta escritura como una invitación de parte de Dios y así juntos empezar a identificar las piezas de nuestra historia recogiendo cada pedazo de nuestro corazón roto.
